Chicharito: el que se mantuvo de pie en la banca

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La paciencia es un don. También lo es el gol, o al menos así lo piensa el dueño de la “quinta”, Butragueño. Son dos talentos que se retroalimentan, pero que se diferencian en su esencia. La paciencia es un músculo, que se nutre, crece con la práctica. El gol tiene carácter etéreo, toques divinos y está determinado por el olfato. Qué sucede cuando los dos coexisten en un jugador? Magia: para hacer de la oportunidad una fortaleza y para hacer de un futbolista de banquillo uno “innegociable”, como lo catalogó Ancelotti.

Y si, hablamos del Chícharo. Ese capaz de canjear unos pocos minutos por goles. De pasar a ser un actor de reparto a protagonista. Mientras Javier Hernández se convertía en pregunta obligada en Madrid, en Inglaterra llegaban los ecos de un pasado frustrado. Uno que definitivamente le hizo trabajar a Hernández el músculo de la paciencia. Ese que lo llevó a Concha Espina y que lo mantuvo de pie, a pesar de estar sentado en la banca.

Y si la paciencia y el gol son dones… qué decir de saber guardar silencio. Ese acto subvalorado por Louis Van Gaal y sobrevalorado en ocasiones por el Chícharo. El Míster del United decía que un par de goles no cambian al jugador. Pero se olvida que si cambia la trayectoria de un equipo: de irse de los cuartos… del hotel a las semifinales. O los que amarran una Liga, por ejemplo. Una que los “devils” no van a ganar.

Como al Míster del Manchester le gusta comparar -y metió a Falcao en el cuento- sentémonos a hacer de las comparaciones tendencia.  Así como se volvió tendencia el apodo de Hernández en las redes. El Chicharito: ese que acumula la mayor cantidad de goles en la Liga en menos de 500 minutos. Ese que sigue a Cristiano y Messi en efectividad, comparando tiempo y tantos. Ese que salió de la clandestinidad del banquillo de Chamartín para colocar su cara en las portadas de todos los diarios.

Mientras Ancelotti consiguió en un simple Chícharo el remedio para calmar a la “bestia negra” del Atleti, el Chicharito se reencontró con el tiempo y espacio, porque en Vigo demostró que el talento nunca lo abandonó.  Como tras ocho meses no lo hizo la paciencia. Un músculo que ha trabajado y que le viene dado como el gol, a modo de don. El tema con los dones es que tenemos la obligación de mostrarlos y para ello hacen falta minutos. Y esos no siempre vienen dados por la paciencia, porque los actuales son cortesía de la oportunidad.

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La Chica del Banquillo

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