Se van los últimos románticos del fútbol

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Se extingue el romanticismo en el fútbol. Se desintegra de a poco, cuando la piel de algunos de los últimos “one club man” toca los colores de otra camiseta. Porque son una raza distinta, una que ha podido sobrevivir delante de un escudo, representándolo, mimetizándose con él. Porque Ferguson tiene razón, es cierto, ningún jugador está por encima del club. Pero ese precepto viene acompañado de un asterisco: hay algunos futbolistas que terminan siendo la sangre, la cara del club. Unos que representan un pedazo de historia, como dijo Iniesta acerca de Xavi en su despedida.

Se acaba el cuento de hadas. Uno que nos recuerda que con el fútbol resultadista estamos lejos de ser parte de un final feliz.  Una historia que se atropella al olvidar la esencia, al irrespetar en algunos casos sus propios valores. Una que termina perdiendo con un autogol. Y son los Iker Casillas, Xavi Hernández, Steven Gerrard, Andoni Iraola la metáfora perfecta del compromiso, de la entrega, pero sobre todo el escalón más alto al que aspiran las jóvenes promesas de la cantera. Son viva inspiración.

Si, ellos se van, pero no sus legados. Por eso en mayo Anfield mandó un recordatorio a su último capitán, ese que heredó en 2003 una banda que defendió y de la que se hizo referente, de que nunca caminará solo, porque él sencillamente tampoco los abandonó. Por eso el Camp Nou también despidió a una de sus últimas piezas de colección, a uno de los arquitectos de uno de los mejores equipos que se recordarán en el fútbol. Por eso Bilbao recordará a Iraola, por su compromiso en 504 partidos. Por eso se espera que el Bernabéu haga lo mismo con Iker, y despida a quien será recordado, cuando cuelgue los guantes, como uno de los mejores guardametas de la historia.

Ellos son de los últimos románticos. De los pocos que quedan. De los que esta temporada se marchan, recordándonos que existe la fidelidad por encima de la mercadotecnia, las chequeras y los petrodólares. No, no son los únicos. Porque queda Totti y existió Maldini. Porque existen casos como el de Verón y Tévez que a pesar de ir a Inglaterra e Italia regresaron a casa, a Argentina, para reencontrarse con su primer amor. Y porque queda Buffon, que dedicó su vida a dos amores: Parma y Juventus. Porque cuando la historia queda en deuda aparecen los históricos. Que nos recuerdan que siempre, siempre, vendrán más inspirados por estos cuentos románticos de una sola camiseta.

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