El Efecto Cholo

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Unos 10 años atrás, lejos del efecto “Cholo”, Neptuno era una simple fuente. Una a la que llegaban los sonidos de alirones ajenos, porque quiso el destino que estuviera separada de La Cibeles por un  kilómetro. Si, irle al Atleti “era un acto de fe”. La representación del amor propio más allá de los títulos. La de creer hasta que suceda. La del orgullo “a pesar de”. Pero en uno de esos giros maravillosos del fútbol, el Vicente Calderón dejó de ser un simple estadio para erigirse como una fortaleza. Y Europa pasó de ser una noche distante y silenciosa a convertirse en campeonato y en una final.

El sueño tardó 40 años en llegar, pero al de 2014 sólo se le atravesó la maldición de la “décima”. Una que tuvo fecha de caducidad en el 24 de mayo, en Lisboa, cuando Sergio Ramos se elevó por encima de la historia para dejar el gol de Godín como una mera referencia anecdótica. Prórroga y un cuento conocido. Aparecía el “casi”. Pero el Atlético mostraba al mundo sus verdaderos colores. Los de un equipo con garra.

Uno que lo volvió a hacer este martes. Sí, porque tuvieron que pasar 210 minutos sin goles ante el PSV para que se clasificaran a los cuartos de final. Porque siguen siendo fieles a lo suyo, que es el drama, y accedieron a la siguiente fase sufriendo en una tanda de penales que duró 16 tiros, repitiendo lo de la temporada anterior, cuando ganaron al Leverkusen desde el manchón penal. Pero sobre todo porque no perdieron la fe. Atrás quedó la estadística que indica que los colchoneros habían perdido las 4 eliminatorias a doble partido ante rivales holandeses. Eso sí, el rival incomodó, más allá de la obviedad del marcador.

Lo cierto es que Diego Simeone hizo de un simple grupo de jugadores uno que desborda autoestima. Uno que cree y que consigue, o al menos muere en el intento. La defensa del Atleti se consolidó como un ejército que prefiere caer en el frente que perder un balón, por eso con tres goles en contra están, junto con el PSG y el Real Madrid, como el equipo menos goleado de la Champions. Ese ha sido el efecto “Cholo”, el mismo que logró arrebatarle una Liga al FCB y al Real Madrid. Uno que no tira de chequera, sino más bien de fe y corazón. Uno con el que sueñan en Stamford Bridge.

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