Fuerza Chape: a una semana de la tragedia

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Es lunes 28 de noviembre y el vuelo 2933 de la aerolínea LaMia, de bandera boliviana, está a punto de salir del aeropuerto de Viru Viru, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Dentro del avión se encuentran 77 personas, vinculadas en su mayoría al joven equipo de fútbol brasileño Chapecoense, de Chapecó, municipio del estado de Santa Catarina, al Sur. Un club que vive un momento de gloria: hace apenas 3 años lograron el ascenso a Primera, y hace 10 jugaban en la cuarta división. Pero este día el club vuela por un motivo mayor, jugar su primera final internacional en 43 años de historia. Van por la ida de la Copa Sudamericana al estadio Atanasio Girardot, casa del colombiano Atlético Nacional.

Viaja el técnico Caio Junior. Su hijo Matheus Saroli tuvo que quedarse en Sao Paulo, en donde inició la travesía, por un descuido “tonto”: olvidó su pasaporte. El DT va acompañado de cuatro asistentes, el médico y 21 futbolistas. Ocho compañeros de equipo tuvieron que quedarse. Entre ellos, el centrocampista Moisés Ribeiro Santos, quien estaba lesionado de la rodilla. Además de Matheus otros tres pasajeros no pudieron abordar. Uno de ellos es el alcalde de la ciudad, Luciano Buligon. Se disculpó con el equipo, porque le surgió un compromiso de última hora y no podría acompañarlos, pero prometió a todos un vuelo directo a Brasil para el regreso.

Viajan con destino al aeropuerto José María Córdova de Rionegro, a poco más de 2.970 kilómetros de distancia. Realmente debían salir en charter desde Sao Paulo y hacer una parada estratégica en Cobija, pueblo norteño de Bolivia, para repostar combustible, pero las autoridades brasileñas no autorizaron la ruta y tuvieron que viajar en vuelo comercial hasta Santa Cruz. Están por despegar. Son las cinco de la tarde. El itinerario ya va con casi tres horas de retraso. De hecho, en Rionegro esperan desde las 6 de la tarde algunos periodistas colombianos por la llegada del Chapecoense. Otros 21 comunicadores van con el club, para cubrir la maravillosa historia del equipo que estaba muy cerca de la gesta, de la inmortalidad, también 19 acompañantes.

El piloto de la aeronave, Miguel Quiroga Murakami, aprovecha para mandar un mensaje de audio por celular a su familia “Mami, voy saliendo (…) iré hasta Medellín, llamo cuando llegue”. El zaguero Adal Ruschell ya se había despedido, publicando un video junto al portero Danilo, antes de partir de Sao Paulo. El guardameta sonríe, hace el signo de la victoria y sigue escuchando música con sus audífonos. Es la carga de energía y buena vibra que viaja en el avión. Danilo había sido clave en el transitar de este club en la Sudamericana. Una atajada ante San Lorenzo lo consagró. A sus 31 años, y luego de llegar a la entidad en 2013, pasó de vivir el ascenso a soñar con esa cercana primera final internacional.

Eran momentos inmejorables. Thiaguinho, por ejemplo, se había enterado una semana antes, durante una concentración del conjunto, que su pareja Graziele estaba embarazada. Motivos sobraban para regresar a la vuelta del 7 de diciembre para levantar la Copa. Sigue la buena vibra: El director de fútbol, Chinho Di Domenico manda un mensaje por whatsapp al grupo que comparten los futbolistas y cuerpo técnico: alguien olvidó un videojuego en su equipaje, que estaba en la bodega de la aeronave y mandaron a buscarlo, con la buena disposición de la tripulación.

Pero no todo era bueno. La inspectora Celia Castedo mostró oposición a la ruta de vuelo: el plan no era seguro. Quiroga pilotearía una aeronave considerada como Regional Jet, con poca autonomía. Dicho en otras palabras, Castedo señaló que planteaban un vuelo sin colchón de combustible. El técnico de LaMia Alex Quispe, que también estaba abordo, dijo que no habría problema “hacemos el vuelo en menos tiempo. Es así no más. Tranquila, eso está bien, ahí no más déjemelo”. Y llegó la autorización de despegue.

Cuatro horas y 2.700 kilómetros después todo cambió. El avión atravesaba Colombia con menos del nivel de combustible permitido por las autoridades. Aterrizar en Bogotá garantizaría la seguridad, pero supondría una multa de 25 mil dólares. Quiroga siguió hasta Rionegro. El piloto llamaba a la torre de control. Eran las 9:41 de la noche. Estaban sobrevolando a 21.000 pies. Del otro lado responde la controladora Yaneth Molina. Ella indica que un vuelo de Viva Colombia había pedido prioridad para aterrizar por posible fuga de combustible. Quiroga pedía prioridad para el RJ85. Tardaron 7 minutos en declararse en emergencia, el tiempo que señaló la controladora para dar los vectores.

Molina desvió dos aviones que se aproximaban al José María Córdova. Quiroga pedía los vectores, reportaron falla eléctrica total y de combustible. Estaban a 10 mil pies. “Vectores, vectores, señorita, vectores a la pista”, dijo el piloto. 9 mil pies. Seguían pidiendo vectores que indicaran el rumbo para guiarlos a la pista. Sobre la parte alta de Cerro Gordo se precipitó el avión, a 17 kilómetros del aeropuerto de destino. Aerocivil de Colombia lo ratificó, no tenían combustible.

A las 9:55 se estrelló el avión. A 5 minutos de su destino. Cuando llegaron los rescatistas llovía intensamente sobre una zona de difícil acceso. Había poca visibilidad y luz. Hallaron a cinco supervivientes. El ,artes por la mañana rescataron al sexto. Tres futbolistas, dos miembros de la tripulación y un periodista. Adal Ruschell reaccionó camino a la Clínica Somer y preguntó por sus compañeros. Pudo quedar parapléjico, pero para ampliar su milagro sus movimientos en brazos y piernas son normales. Su hermana Amanda contó que el futbolista no recuerda nada de lo sucedido.

Danilo llegó a ser atendido, pero murió en el centro médico. Neto fue encontrado en la mañana del martes bajo el fuselaje del avión, luego de que suspendieran la búsqueda en la madrugada por las condiciones de la zona. Está en la Clínica San Juan de Dios, en donde fue intervenido por una lesión en el tórax. Jackson Follman, portero, también vivió. Le amputaron la pierna derecha para salvarle la vida, en el hospital San Vicente Fundación Rionegro. Sobrevivieron también el técnico aeronáutico Erwin Tumiri, la auxiliar de vuelo Ximena Suárez, ambos bolivianos y el periodista brasileño Rafael Henzel Valmorbida. Todos se encontraban estables al momento de escribir este post.

71 personas murieron. Sus cuerpos fueron sepultados este domingo, luego de llegar a Brasil el sábado, en medio de otra lluvia torrencial. 71 almas que nos recuerdan lo absurda de aquella frase de que el fútbol lo es todo. No, realmente lo es la vida. Una tragedia que nos recordó el miércoles pasado, desde el Atanasio Girardot, que el valor de la humanidad, al igual que el fútbol, no tiene fronteras. Siempre los recordaremos. Fuerza Chape

*Narración construida con base en informaciones y reportajes de W Radio, El Tiempo, Clarín, Daily Mail, BBC Mundo, ESPN, EFE, Olé, O Globo y otros medios de comunicación.

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