El portero del futuro

Wuilker-Fariñez
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Por: María Jilo

¿Wuilker Faríñez es de verdad? ¿Es real? ¿Es tan buen portero como parece? ¿Es más que un parador? ¿Da para un equipo grande en Europa? Su formidable figura lo delata y su rostro lo reafirma: Él es una realidad. Cuando el venezolano firmó su primer contrato  profesional, a los 15 años, tomó una decisión. Era un buen arquero, aunque también actuaba como un punta. “De niño, también jugaba y porteaba. Si mi equipo estaba perdiendo, me metía en el juego” afirmó. Una vez cerrado el acuerdo con el equipo capitalino, ya asomaba la posibilidad de ejercer debajo de los tres palos. Esta anécdota la contaba para una entrevista en ‘Climax’, que ilustra de manera perfecta el asombro que supone la figura de Wuilker Faríñez. Porque no solo son los 175 centímetros de altura, en realidad, impacta con su confiada y ambiciosa mirada. Una fórmula perfecta que no solo evidencia lo bueno que se sabe el joven arquero, sino que al mismo tiempo, logra persuadir al resto de lo que ya es: El portero del futuro.

Desde su participación en aquel campamento que Empresas Polar organizó con el Real Madrid, su imagen estuvo levemente presente en el fútbol venezolano, hasta que Noel “Chita” Sanvicente sorprendió a más de uno con su llamado para la Copa América de Chile en 2015, quien en poco tiempo dio el salto a la titularidad del Caracas con apenas 17 años de la mano de Eduardo Saragó.

Con 19 años, su carrera no para de crecer y evolucionar. El arquero de Nuevo Horizonte, Catia, ha deslumbrado al mundo entero por sus actuaciones con el cuadro caraqueño, además de lo realizado con la Vinotinto durante las Eliminatorias al Mundial de Rusia 2018 y lo hecho en el Mundial Sub-20 de Corea del Sur, en donde colaboró y fue figura principal para el subcampeonato de Venezuela. En total, solo recibió tres dianas, unas cifras espectaculares. Faríñez firmó paradas maravillosas como decisivas en varios encuentros durante todo el campeonato. El peso de sus grandiosas presentaciones lo reafirman como un arquero con magníficas condiciones. Debido a su corta estatura, es capaz de impulsar ambas piernas para abarcar lo máximo de la portería y así lograr compensar. Tiene mucho atrevimiento, no suele quedar impregnado bajo los tres palos, sale con decisión y autoridad en los balones colgados al área, resulta difícil de batir por reflejos y la velocidad de sus movimientos.  

Rodillas flexionadas, espalda ligeramente encorvada, brazos extendidos y ojos abiertos como búho para desplazarse con pequeños pasos; así de activa es su posición cuando el rival ronda su área. Ésta es la postura que debería tener cualquier portero, pero Faríñez la ha moldeado de tal forma que marca diferencias. En la selección nacional se asumen muchos riesgos en salida y, a la hora de desplegarse en campo rival, constantemente solo suelen con los dos centrales, los cuales no son muy rápidos, aunque rara vez es penalizado. Además, cuando defiende en campo propio, como se ha llevado a cabo durante muchos tramos en las eliminatorias de cara a Rusia 2018, la distancia de los jugadores se acorta mucho. Evidentemente, condiciona su respuesta como arquero. Una jugada constante en los partidos es que, tras un disparo que acaba cortado por la defensa, Faríñez decide salir en búsqueda del balón hasta lograr retener antes de que el contrincante pueda impactar. Wuilker da una o dos vidas extras a sus compañeros una vez la línea defensiva haya sido rebosada. Su colocación, por lo general, es también acertada. Así logra poco desplazamiento, lee bien la mayoría de situaciones y responde con firmeza. Su dominio se prolonga para hacer valer su condición distintiva; la velocidad de sus movimientos. Ágil, rápido y explosivo, su capacidad de reacción es para destacar. Así, de hecho, comienza una de sus acciones más destacadas: el achique. En esto es impresionante. En cada disparo, sobre todo si es cercano, el venezolano le gana al menos dos pasos al atacante. Maneja de forma notable los tiempos de la estirada, tiene muelles para llegar a cualquier ángulo y, además, es capaz de corregir direcciones en el aire. Dirige bien la acción de desviar los remates aunque no alcance abrazar, alejando el peligro de las segundas jugadas. Tiene detalles por pulir como su técnica, siendo todavía, si se quiere, más ordenado. Su carrera no para de crecer y evolucionar.

“La paciencia es la madre de todas las ciencias y en el fútbol esto se exaspera”.

Llegó el día en el que Wuilker Faríñez salta internacionalmente en enero de 2018. Millonarios de Bogotá es el destino del arquero venezolano. Con 19 años ya aterrizó a uno de los equipos con más historia en el fútbol colombiano, decisión acertada la de continuar en Sudamérica. Es momento de pensar en el jugador y su carrera, mucho está en juego. La marcha del arquero uruguayo Vikonis, le aseguró la titularidad  de entrada del equipo que dirige Miguel Ángel Russo, y tras muy pocos partidos, ya ha demostrado que ese puesto tendrá muy poco debate. La puerta de la Copa Libertadores espera por él. El reto, ciertamente, es tan bonito como imponente. La paciencia es clave, disfrutemos de su talento que a su corta edad ha logrado lo que muchos no hicieron en mayor tiempo. El paso a Millonarios le brindará las condiciones adecuadas donde el jugador pueda exprimir sus virtudes, y sobre lo más importante, seguir creciendo. Porque Wuilker no deja de mejorar, es joven, tiene potencial para evolucionar. Calidad de sobra para seguir creciendo, y ya lo ha demostrado. De mantener esa línea ascendente, Europa vendrá más pronto que tarde. Necesitará tiempo para crecer. Ha conseguido que Sudamérica apunte su nombre, ya que  Wuilker Faríñez, recordémoslo, sólo tiene 19 años. Venezuela tiene portero para varios años y viene desde el futuro.

 

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